Portada > AUTÓNOMOS > Pagar menos de IRPF siendo autónomo. Planificación como antídoto ante un impuesto complejo

Pagar menos de IRPF siendo autónomo. Planificación como antídoto ante un impuesto complejo

Conviene que este trámite lo lleva a cabo un profesional o experto que conozca las deducciones, bonificaciones y plazos que puede aprovechar el trabajador.

irpf autónomos

Resulta lógico que cualquier trabajador por cuenta propia quiera pagar menor IRPF. Para poder conseguir esto sin cometer irregularidades, según apuntan desde el Bufete Pérez Ocaña, lo principal es hacer una previsión del año que genere un trabajo de planificación. Que, preferiblemente, sea realizado por asesores.

Porque este perfil siempre va a estar mucho más informado y preparado que el autónomo, a la hora de realizar trámites de forma correcta. Además de tener conocimientos en caso de que se tengan que hacer reclamaciones por equivocaciones de la propia Administración, por ejemplo.

¿Cómo realizar la planificación fiscal de un autónomo?

Será necesario realizar un estudio de fiscalidad del autónomo y su IRPF y existen una serie de materias a las que hay que prestar especial atención, según el bufete. Lo primero será, antes del comienzo del ejercicio, calcular el tipo efectivo del gravamen del profesional y tener en cuenta sus posibles aumentos y disminuciones. El objetivo de esto es conocer las tributaciones que debe realizar el autónomo así como sus correspondientes plazos.

También conviene realizar una correcta deducción de los gastos de la actividad de los ingresos brutos. Desde las facturas, hasta los gastos financieros o los de dotación de provisiones. Todos harán que, al final, suponga un ahorro para el contribuyente.

La importancia de acudir a un profesional es también clave para hacer unas reducciones en base, así como las deducciones y bonificaciones de la cuota. Hay bonificaciones tanto estatales como autónomicas, por lo que habrá que conocerlas y aprovechar al máximo.

Del mismo modo, el conocimiento del experto ayudará posibles situaciones inciertas o que no estén dentro de la planificación realizada. También podrá aportarle al autónomo las informaciones fiscales que la Administración tiene sobre él y su actividad económica y los medios informáticos de los que esta dispone.

Una buena comunicación entre autónomo y profesional

Por último, serán necesarias las reuniones y el tráfico de documentación necesario entre el autónomo y el gestor, para que ambos conozcan a la perfección la situación. Así, el profesional conocerá las opciones que tiene disponible y los riesgos de las mismas para poder elegir, y el experto podrá conocer de primera mano la situación que atraviesa el negocio y la situación personal del trabajador por cuenta propia que, en muchos casos, influye en su actividad y condiciones.

Conviene recordar que el IRPF resulta un impuesto muy complejo. Comenzando porque no es un tributo igual para todos, sino que es gradual: cuanto mayor sea el rendimiento neto, mayor será la carga tributaria que recaiga sobre el autónomo.

Una de las cosas a tener en cuenta es el tipo máximo que, por ejemplo, en 2020 se sitúa en 45 puntos para las bases generales que superen los 60.000 euros. Eso no significa que todos los autónomos que superen dichos rendimientos deban tributar por los 45 puntos ya que, como hemos citado anteriormente, se trata de una tributación compleja que precisa no sólo hacer la aplicación de las tarifas de forma progresiva, sino también de forma gradual.

Además, no conlleva sólo el cálculo de la base, sino que es necesario aplicar las convenientes bonificaciones, deducciones y reducciones que cada profesional pueda tener para así rebajar la cuantía a pagar.

Desde la Administración también se está estudiando la creación de dos nuevos tramos de tributación para aquellos autónomos que tengan unas bases superiores a los 130.000 y los 300.000 euros. Estas serían del 47% y del 49% respectivamente.

Por último, los modelos a rellenar y presentar ante Hacienda relacionados con el IRPF son varios. Por un lado está el modelo 130, la autoliquidación, que supone la declaración del rendimiento neto de la actividad económica, es decir, los ingresos obtenidos y los gastos deducibles. Por otro, están los modelos 111 y 115, que suponen las retenciones e ingresos a cuenta de terceros. La correcta presentación de ellos podrá conllevar también un ahorro para el profesional, ya que puede resultarle a devolver.